La digitalización periodística


Antes de continuar, hagamos un pequeño examen para afianzar los conocimientos adquiridos en la clase de periodismo multimedia, ¡anímate! ¡verás como lo haces bien!

Si hacemos un repaso, comprobaremos como el periodismo ha experimentado sucesivos cambios a lo largo de su historia. Cambios que afectan a la profesión y a los profesionales. Y todos estos cambios casi siempre vienen marcados por los avances tecnológicos. Es la tecnología la que marca, en muchos casos, los ciclos evolutivos de determinados avances y la que acorta la duración de los mismos cada vez a mayor velocidad.

En el caso del periodismo un ejemplo claro de esto es la evolución seguida por los sistemas de composición: la composición manual de Gutenberg fue utilizada durante prácticamente 400 años; la composición mecánica representada por la linotipia apenas resistió 100 años; y, en la actualidad, la composición en frío o fotocomposición va dejando atrás los diferentes modelos de fotocomponedoras a una velocidad de vértigo, quedando viejas casi antes de que sean asumidas por los usuarios.

Hoy en día, la tecnología es responsable de la aparición de los denominados “nuevos medios” y de los cambios que los mismos están originando en el trabajo diario de la profesión periodística. Cambios que nos afectan de forma directa como profesionales del periodismo y que han de llevarnos forzosamente a reflexionar sobre ellos.

De este modo, volviendo a la aparición y consolidación de los “nuevos medios” creo que, como periodistas, nuestra reflexión acerca de cómo nos afecta debe centrarse de manera fundamental en torno a cuatro puntos:

  •  El uso de Internet ha de ser considerado como la aparición de un nuevo medio. La prensa, que en un principio sólo busca un nuevo soporte de distribución, ha de adaptarse rápidamente a esta competencia entrando en la red con nuevos productos. La prensa y el nuevo medio, son complementarios. La aparición de uno no tiene por qué suponer la desaparición del otro, ya que el negocio no es el soporte sino la información.
  • En estos procesos la tecnología es básica, pero el periodista es periodista no informático ni técnico en telecomunicaciones. Los ordenadores son herramientas para realizar nuestro trabajo, no la esencia de nuestro trabajo. Por lo tanto, no hay que confundir “soporte” con “medio”.
  • La aparición del “nuevo medio” hace surgir nuevas “sinergias” informativas y laborales que afectan tanto a las empresas como al trabajo de los profesionales que pasan a convertirse en “proveedores de contenido”, independientemente del soporte en el que finalmente se distribuyan sus trabajos.
  • Los contenidos informativos de carácter periodístico deben ser introducidos en la red por periodistas, única forma de garantizar su calidad, objetividad, veracidad, etc. Es decir, dotar a la información periodística en la red del valor añadido de la credibilidad. Asimismo, esto dará lugar a la aparición de nuevos códigos éticos para la información periodística en la red.

Antes de seguir, ¿qué consejos hemos de adoptar frente a esta inminente digitalización?

Parece fuera de toda duda que hasta ahora el desarrollo tecnológico no sólo no ha perjudicado a la Prensa sino que, por el contrario, ha sido fundamental para su mejora continua. Además, la Prensa ha sido en los últimos años uno de los sectores que más tecnología ha consumido. En este sentido, basta con repasar brevemente su historia en las últimas tres décadas. A principios de los años 70 se produce la renovación de los sistemas de producción industrial (los talleres). Se abandona el plomo y se abre la puerta a la fotocomposición y el offset. A finales de los 70 y principios de los 80 comienza la segunda fase de renovación tecnológica, la de los sistemas redaccionales: es decir, la implantación de la denominada “redacción electrónica” o lo que es lo mismo la entrada de los ordenadores como herramienta de trabajo de los periodistas. Desde mediados de los 80 y hasta principios de los 90 se produce el tercer acto de la reconversión de la Prensa: la renovación de las estructuras visuales, de su “forma”, es decir, de su diseño. La entrada del color y la infografía, así como el uso de nuevas estructuras redaccionales y la introducción de los nuevos programas de autoedición, marcan las tendencias a seguir.

Una vez renovados los talleres, las redacciones y el producto, entramos en el cuarto y, por ahora, último proceso de renovación: la Prensa se plantea utilizar las nuevas tecnologías para encontrar solución al último de sus problemas, la distribución. Y es, aproximadamente, a partir de 1992 cuando comienza a tomar cuerpo la posibilidad de distribuir el producto a través de Internet; es decir, la sustitución de su soporte físico tradicional, el papel, por un soporte electrónico.

Sin embargo, algo que, desde el punto de vista de las empresas periodísticas, empezó como la búsqueda de un nuevo canal de distribución, como la adaptación a un nuevo soporte de un producto ya conocido, se convirtió en un Nuevo Medio.

Un “nuevo medio” que aúna las características de los tres medios tradicionales: el uso del texto como la Prensa, el uso del sonido como la Radio y el uso de las imágenes en movimiento como la TV. Y que, además, combina estas características con nuevas maneras de presentación de los contenidos apoyándose en el desarrollo tecnológico e incorporando conceptos tales como interactividad, multimedia, hipertexto, vínculo, etc., términos con los que se intentan definir las actividades desarrolladas por estos nuevos medios de comunicación digitales.

Mediamorfosis

Pero no sólo combinan las características de los medios tradicionales sino que poseen características propias. Adriana M. Cely Álvarez sintetiza en tres los elementos que caracterizan a estos nuevos medios:

  1. Su presencia virtual, que viene dada por la simulación de la realidad creada a través de sistemas basados en informática que suministran efectos visuales y auditivos.
  2. Su presencia en el ciberespacio, es decir, son elaborados y forman parte del espacio creado “no existente”, compuesto por imágenes y textos en formato electrónico, que simbolizan una representación del mundo físico, cuyo funcionamiento sólo es posible por medio de líneas de comunicaciones y redes de computadoras.
  3. La posibilidad de interactividad, que supone el intercambio de los roles de emisor y receptor en condiciones de igualdad, en el que se establece una escala de niveles que implica desde ver y leer en un sistema informático hasta interrogar, jugar y explorar y llegar a construir y componer en el medio (Cely Álvarez, 1999). Esta interactividad no sólo se manifiesta en la posibilidad del usuario de “responder” de inmediato a una información sino que, además, le permite participar más activamente en algunas secciones tradicionales de los medios enganchados a la Red, tales como cartas al director, sugerencias, juegos, etc., y el acceso a un contacto directo con otros usuarios del mismo medio mediante “conversaciones y cambio de opiniones” a través de grupos o foros con soporte digital. A este respecto Núñez Aldazoro (1999) afirma: 

“El ansiado feedback comunicacional ya es posible gracias a los medios interactivos basados en soportes multimedia. Tanto el periodismo informativo como el de opinión se prestan a que el usuario-receptor del mensaje pueda comentarlo, refutarlo, incluso modificarlo o aportar datos nuevos. (…). Sin duda, este nuevo elemento también representa un desafío para el comunicador digital, pues sabrá que ahora (específicamente en el futuro) casi todas las informaciones periodísticas que comunique no sólo serán analizadas y disecadas por los lectores y afectados, sino también respondidas y comentadas, incluso en el mismo momento de difundirlas“.

Parece evidente que, desde una óptica aplicable a las empresas periodísticas, la evolución de Internet hasta ahora se ha caracterizado por la sucesión de tres fases claramente diferenciadas desde su aparición:

  1. En un primer momento se produce lo que podemos denominar la “seducción tecnológica”. La Red atrae por su capacidad de poder transmitir todo tipo de información de forma rápida y barata, como un nuevo canal de distribución. En esta fase, las empresas periodísticas “saben” que hay que estar en la red, pero “no saben” muy bien por qué. Pero, como señalan López García y Neira Cruz (2000) se puede decir sin temor a errar que su objetivo (el de las empresas) se ha limitado, en realidad, al hecho de estar presentes, sin verdadera o evidente preocupación por preparar profesionales versátiles y, por otra parte, capaces de estudiar y analizar las posibilidades del nuevo medio. El periódico debe estar en la red antes de que otro competidor se le adelante y ocupe su lugar.
  2. La siguiente fase se caracteriza por la “seducción económica”. En poco tiempo todo el mundo se da cuenta del inmenso potencial de la Red para generar negocio. Aquí, las empresas periodísticas comienzan a darse cuenta de que no sólo hay que “estar” en la red con el periódico sino que se pueden ofrecer “nuevos servicios”, aprovechar la potencialidad del nuevo medio y obtener un rendimiento económico a medio y largo plazo creando nuevos productos.
  3. En la actualidad nos encontramos en el tercer estadio, la “adecuación de contenidos”. Se hace evidente el axioma de “a nuevos medios, nuevos contenidos”. No se puede dotar a los nuevos medios de viejos contenidos. La Red ya ha demostrado su poder de transmisión y su capacidad de generar dinero, ahora hay que potenciar la calidad de los contenidos que se envían por ella. Si se crean nuevos productos es evidente que hay que dotarlos de contenidos y que esos contenidos han de responder a unos criterios mínimos de calidad y profesionalidad.

Por ejemplo, veamos los siguientes cambios en diseños periodísticos:

“El 75% de las editoriales españolas avanzan hacia la digitalización”, Diario El País.

En el caso de la revista Times, que ha introducido su mayor cambio de diseño en 15 años.

El futuro del perodismo frente a la digitalización de la información, María Laura Pimienta

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